Mi acercamiento al mundo espiritual comenzó cuando tenía apenas 9 años, con un péndulo de madera de ceiba que heredé de mi abuelo materno. Empecé casi como un juego, con asombro y curiosidad, pero poco a poco fui descubriendo una sensibilidad especial para percibir energías y conectar con el mundo espiritual.
Con los años fui desarrollando y formando esa capacidad. A los 17 años comencé a interpretar el cigarrillo y, más adelante, la lectura tradicional del tabaco. También llegaron a mi camino el Tarot de Marsella, los caracoles y otras herramientas que hoy forman parte de mis consultas.
Una parte muy importante de mi vida espiritual ha sido mi acercamiento a la Regla de Ocha. Soy hijo de Yemayá, madre de las aguas y los mares, y continúo formándome dentro de esta tradición.
Cuando alguien habla conmigo quiero que encuentre, ante todo, tranquilidad y confianza. Me considero una persona sencilla, cercana y honesta. No concibo este trabajo únicamente como una lectura, sino como una forma de orientar, proteger y ayudar a recuperar claridad cuando una situación nos supera.
También realizo trabajos espirituales relacionados con el amor, limpiezas, protecciones y aperturas de caminos, utilizando elementos de la naturaleza, baños y despojos según cada situación.
Para mí, este camino significa humildad, respeto, honestidad y aprendizaje constante. Por eso también dedico tiempo a la meditación y a mantener en equilibrio cuerpo, mente, alma y espíritu.